La gestante no debe comer por dos. Ella necesita escoger mejor aquello que irá a comer para proporcionar más salud para ella y para el bebé
La alimentación equilibrada es un hábito que deberíamos tener durante toda la vida. Sabemos que no es una tarea fácil, pues cada día tenemos menos tiempo para sentarnos a la mesa para comer adecuadamente, además de la invasión de productos grasientos. La mujer embarazada tiene una responsabilidad aún mayor en cuanto a su alimentación, ya que en sus manos está el desarrollo saludable de toda una vida que está comenzando.
En esos nueve meses o menos, la madre necesita concentrarse en la siguiente misión: necesita alimentos saludables para proporcionar una formación saludable a su bebé .
La alimentación de la mamá durante el embarazo influirá en la salud del bebé para toda su vida. El riesgo de que el bebé padezca diversas enfermedades tiene relación con la alimentación que recibe durante su desarrollo intra-uterino.
La nutrición adecuada durante las primeras semanas del embarazo garantiza un desarrollo completo del órgano responsable de la oxigenación y alimentación del feto, llamado placenta y del sistema circulatório del bebé.
Durante el inicio de la gestación, primer trimestre, se formará el sistema nervioso del feto. Por eso el consumo de ciertas vitaminas es esencial. Ingerir alimentos ricos en ácido fólico o tomar cápsulas de ácido fólico previene la mala-formación del tubo neural (que deja la médula ósea parcialmente expuesta). Otros alimentos importantes son el salmón, la trucha y semillas de lino, ricas en ácidos grasos omega-3, los ácidos grasos que permiten el pleno desarrollo del cerebro y el sistema nervioso.
Para la prevención es ideal alimentarse de grasas insaturadas y monoinsaturadas, como el aceite de oliva en detrimento de las grasas saturadas presente, por ejemplo, en los productos industrializados y margarinas.
Entre la semana 28 y 40 de gestación hay un crecimiento del 350% del bebé. Con este crecimiento tan rápido, si el nivel de glucosa en sangre de la mamá es alto puede hacer que aumente el crecimiento de la circunferéncia abdominal del bebé. Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades como la obesidad, la diabetes y problemas cardíacos.
Para que el nivel de glucosa no suba, el ideal es sustituir carboidratos simples (refinados) por los complejos (no refinados). Es decir, ingerir los alimentos integrales: panes, cereales, pasta y galletas. El consumo de harina y arroz blanco se va a hacer sólo ocasionalmente. En cuanto a los dulces se deben comer en pequeñas porciones.
Los beneficios se extenderán a lo largo de toda la vida del niño. Es importante recordar siempre que el crecimiento del bebé depende de aquello que la madre come. Vamos a comenzar a comer bien, mamá.

